Prefacio
Al abrir la edición de este año del Informe Anual sobre las Violaciones de los Derechos Sindicales, posiblemente tendrán en mente el tremendo impacto de la crisis económica y financiera mundial, que ha afectado en 2008 a millones de trabajadores y trabajadoras en todo el mundo, tanto en países industrializados como en países en desarrollo.
La crisis hace hincapié en que hace falta desarrollar una economía global basada en empleos decentes y justicia social y subraya la necesidad de una mejor distribución de la riqueza. Por el contrario, los trabajadores en todo el mundo han empezado a sentir el pleno impacto del aumento del desempleo en sus vidas y las de sus familias y comunidades, a causa de la desaparición de empleos decentes. También han empezado a constatar las crecientes repercusiones sobre sus derechos en el trabajo.
Los derechos sindicales son derechos humanos en el trabajo, reconocidos universalmente. Dos Convenios fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que los definen y garantizan (Convenios 87 y 98) han sido ratificados por 149 y 159 Estados miembros de la OIT, respectivamente, de los 182 existentes en el mundo.
Pese a este reconocimiento formal por parte de los Gobiernos, una vez más este año, la CSI documenta violaciones continuas y en ocasiones masivas y tremendas de los derechos sindicales fundamentales. Este Informe es uno de los medios a través de los cuales la CSI expone y denuncia dichas violaciones, ofreciendo una visión general de la situación respecto a los derechos sindicales en el mundo en 2008.
Los países donde desgraciadamente han continuado produciéndose prácticas antisindicales graves y generalizadas incluyen: Colombia, Birmania, Belarús, Sudan, Zimbabwe, Swazilandia, Irán, Pakistán y las Filipinas. Países como Honduras y Guatemala deberían añadirse a la lista este año. En muchos otros países, donde las violaciones no son tan tremendas, se registra una tendencia general a reducir los derechos de los trabajadores. Se han registrado casos de injerencia en las actividades sindicales en Iraq, Kuwait, Letonia, Kirguistán, la Federación Rusa, Turquía y Venezuela, entre otros. Pese a algunas propuestas legislativas o medidas adoptadas en algunos países de Oriente Medio y de los Estados del Golfo, los trabajadores/as migrantes siguen viendo denegados sus derechos sindicales en muchos países. Además, las empresas siguen aprovechándose de fallos en la legislación y de su aplicación inadecuada para socavar los derechos de los trabajadores.
A nivel mundial en 2008, al menos 76 sindicalistas fueron asesinados como resultado de sus acciones en defensa de los derechos de los trabajadores. América Latina sigue siendo el continente más mortífero para los sindicalistas, con 66 asesinatos en 2008. En Colombia, 49 sindicalistas perdieron la vida (de los que 16 eran dirigentes sindicales, incluyendo cuatro mujeres), lo que representa un incremento del 25% respecto a 2007. También mataron a sindicalistas en Guatemala (9), Honduras (3) y Venezuela (4) entre otros países. En Asia, se registraron al menos seis asesinatos (Nepal y Filipinas), tres en África (Nigeria, Túnez y Zimbabwe) y uno en Oriente Medio (Iraq).
En distintos países y en todas las regiones, los sindicatos siguen estando prohibidos o se restringe su establecimiento. China continúa prohibiendo la existencia de sindicatos independientes. Aquellos que intentan organizar a grupos de trabajadores o protestas suelen ser arrestados, y en ocasiones condenados a penas de prisión o de "reeducación mediante el trabajo".
Algunas categorías de trabajadores continúan estando excluidas. Esto incluye a los funcionarios públicos, los trabajadores/as agrícolas, migrantes y los empleados en el servicio doméstico, etc. El derecho de huelga muchas veces está limitado indebidamente, con listas de servicios públicos donde se restringe la acción de huelga que van mucho más allá de la definición de la OIT.
Este año, una vez más, varios miles de sindicalistas y trabajadores/as fueron despedidos por haber participado en acciones de huelga o de protesta; otros miles se han visto acosados o discriminados y centenares fueron arrestados. La situación de los trabajadores domésticos, en su mayoría mujeres y trabajadores/as migrantes en Oriente Medio y los Estados del Golfo, así como en algunos países africanos y asiáticos, resulta igualmente preocupante. La denegación absoluta de los derechos laborales y sindicales y otras violaciones fueron habituales en las Zonas Francas Industriales, por ejemplo en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras Swazilandia, Bangladesh, Kenya, Mauricio y Pakistán.
Por otro lado, la globalización de la economía mundial, sumada a la crisis económica y financiera global, ejerce una enorme presión en los mercados laborales, las condiciones de trabajo y los derechos de los trabajadores/as en todo el mundo. Los trabajadores siguen siendo amenazados por los empleadores con trasladar las empresas, subcontratar o reducir plantilla, con consecuencias negativas inevitables para la efectiva aplicación de los derechos sindicales.
Nuevas formas de relaciones de empleo afectan igualmente los derechos fundamentales. El recurso a formas de empleo disimulado como trabajo por cuenta propia, así como a subcontratistas o agencias de empleo, está aumentando tanto en los países industrializados como en los países en desarrollo. Este Informe documenta casos en Corea, Croacia, Polonia, Montenegro, Georgia, la República Dominicana, El Salvador, Perú, Malasia, Vietnam, Sudáfrica, Chad y Marruecos, entre otros. Desgraciadamente, es muy probable que la edición del próximo año presente una imagen aún peor que la de este año.
Este Informe, que cubre 143 países, pretende también ser una herramienta. Destaca las oportunidades desperdiciadas para promover unas mejores relaciones laborales, para mejorar las condiciones de trabajo y establecer o consolidar instituciones democráticas. Ilustra buenas prácticas en casos donde se han registrado mejoras. Por ejemplo, se adoptado una nueva legislación que reconoce y permite la organización sindical en Burkina Faso, Kenya, Mozambique y Australia.
En los anexos, encontrarán asimismo el texto completo de los Convenios 87 y 98 de la OIT, así como un resumen de decisiones de la OIT sobre cuestiones esenciales relacionadas con los derechos sindicales, que muchas veces no son suficientemente conocidos ni comprendidos.
Los marcos legislativos y unas instituciones eficaces deberían proporcionar una protección adecuada y garantías para la libertad sindical y la negociación colectiva. Por desgracia, en demasiados puntos del globo, incluyendo Asia, Oriente Medio y los Estados del Golfo, la libertad sindical sigue sin estar garantizada por la Constitución o la legislación laboral.
La aplicación efectiva de los Convenios internacionales o al menos de la legislación laboral nacional, y el respeto de los derechos sindicales, siguen estando muy lejos de lo que los trabajadores tienen derecho a esperar. Una vez más este año la CSI da cuenta de asesinatos, secuestros, arrestos y encarcelamiento, además de amenazas de muerte, despidos, acoso y actos de discriminación e intimidación contra los sindicalistas.
Con todo, millones de sindicalistas y activistas laborales en todo el mundo continúan luchando por la solidaridad entre trabajadores/as, en ocasiones corriendo el riesgo de perder sus propias vidas o su sustento. Claros ejemplos en 2008 incluyen los dirigentes sindicales en Zimbabwe, Colombia, Guinea, Guatemala, Filipinas, Iraq e Irán.
Quisiera agradecer a nuestras afiliadas, a las Federaciones Sindicales Internacionales y a todas las personas que han contribuido para hacer posible este Informe, y brindar tributo a todos aquellos cuya dedicación a la justicia, la equidad y la imparcialidad en el trabajo ha conseguido tanto para tantos trabajadores y trabajadoras.
La CSI sigue siendo la voz internacional y el aliado de los sindicalistas en el mundo entero, y especialmente de aquellos que no pueden confiar en un sistema legal nacional adecuado para proteger sus derechos sindicales fundamentales.
Más que nunca, la misión de la CSI es estar al lado de los trabajadores y trabajadoras en su lucha por la justicia y la defensa de los derechos sindicales en todo el mundo, porque “¡Un ataque contra uno es un ataque contra todos!”